Parece ser que los chinos están especialmente sensibilizados con el tema y sufren enormemente cuando tienen que separarse de sus gallinas.
Unos investigadores se han puesto manos a la obra y han conseguido un engendro mecánico que permite al dueño de la gallina acariciarla a distancia. El artilugio se compone de una gallina de goma con múltiples sensores en su interior, que transmite por internet la señal a un chaleco que hay que colocarle a la gallina en cuestión.
lunes, 22 de febrero de 2010
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